Sonaron por décima vez las campanas de la iglesia, Juan Manuel Gómez observa su reloj, las manecillas marcan diez en punto. Acaba de llegar a su casa, deja las llaves en la mesita, al lado de la puerta, el sonido de las llaves contra el mármol lo distraen por un segundo de sus pensamientos. Se quita el abrigo y procede a preparar el rifle que hace horas acababa de comprar - Mañana mi vida cambiará para siempre, nada será igual - piensa Juan Manuel mientras observa el retrato de su difunta esposa. Suena el teléfono pero él no lo oye, se encuentra sumergido en su Mundo, lleno de odio, frustración, impotencia y dolor. Luego de un instante reacciona al escuchar el timbre, una sensación parecida al pánico recorre su espina dorsal y se le eriza la piel de la nuca, rápidamente esconde el arma detrás de la puerta. Observa por la mirilla, parece ser su vecina, abre la puerta y en efecto es ella - No tendrá una tacita de azúcar? - Juan Manuel recoge l...
Mi experiencia con la muerte en el ámbito veterinario no data desde hace tanto tiempo, no obstante no suele ser algo a lo que, como seres humanos, somos ajenos en totalidad. A lo largo de la vida la experimentamos, más cerca o más lejos, con más o menos sentido. Se suele decir que somos profesionales y que, como tal, debemos ser objetivos, o por lo menos mantener un velo distante de los pacientes. ¿Esto es posible? Tal vez en veinte años pueda sentir y escribir algo distinto a lo que mi experiencia me dice hoy. Muchas veces logramos (logro) distanciarme del sufrimiento de un perro o un gato tras su retirada de la veterinaria en un intento de “ojos que no ven, corazón que no siente”. No siempre se alcanza, pero se intenta. Sin embargo, la muerte es algo distinto, es algo definitivo, te obliga a presenciarla y mirarla a los ojos, a veces en más ocasiones de las que uno quisiera, de las que uno tolera. Y en mi corta experiencia debo admitir que nu...